martes, 14 de abril de 2009
Relato de primavera parte dos
Puede ser, pero no lo creo, esta racha de insomnio me viene acechando desde hace unos tres meses, con intermitencias de buen dormir y noches completas de vigilia enfermiza. Al llegar a la calle Galeana dimos vuelta a la izquierda, pasamos por una estética donde pude divisar a una chica transexual cortándole el cabello a una rubia exuberante, Oye Hugo perdón por la pregunta pero ¿alguna vez has querido ser mujer?, O sea ¿como? Te refieres a si ¿soy transexual o tengo tendencias transgénero? La verdad no, muchos creen que yo tomo hormonas o me inyecto estrógenos pero nada que ver, Es que la suavidad de tu piel y tus modos son muy reveladores, eres algo así como que el colmo de la androginia, Lo se, y me encanta jugar con eso, mi vida esta marcada por esa dualidad de apariencia que se nota en mi, pero honestamente soy muy feliz siendo hombre; algunos han osado llamarme hermafrodita, la verdad no los culpo, pero te puedo asegurar que soy más “machín” que muchos “machos”, aunque las apariencias me desmientan, y tu Jorge ¿alguna vez has sentido el deseo o la necesidad de ser mujer?, Creo que sí, pero más que más que necesidad creo que lo mío es una obsesión o un fetiche. No siento esa necesidad tormentosa que puede llegar a sentir un transexual auténtico. No voy a decir que no me encanta imaginarme mujer, vestirme como mujer y en cierta manera sentir que soy mujer, Sabes Jorge, a mi me pasa algo parecido, de hecho yo suelo travestirme cuando no hay moros en mi casa, lo hago más como diversión, de hecho muchos me han dicho que yo pasaría como mujer en cualquier lugar, pero no me gustaría exhibirme así, me encanta maquillarme, ponerme vestidos, tacones y ser una completa musa pero solo para mi propio espejo. Después de intercambiar varias sonrisas y reírnos con una simpática confidencialidad, cruzamos la calle Hidalgo, ibamos por el lado derecho de la calle Galeana y pasó junto a nosotros un chavo que derramaba sensualidad en cada paso que daba, con lentes oscuros de gota, playera negra en forma de chaleco, pelo ondulado rubio, bíceps y pectorales torneados escultóricamente, manos enormes hermosas, piel acaramelada, blue jeans apretados y gastados por el sol y botas puntiagudas negras: un cuero hermoso. Al pasar junto a mí, el chico me miró y escrutó mis ojos, después hizo lo mismo con Hugo. Por el tipo de mirada esquiva pudimos deducir que el tipo era straight, y su mirada era más de impresión y morbo que seductiva o confidente. Casi al mismo tiempo Hugo y yo volteamos a verle las torneadas nalgas, que resaltaban al termino de su ancha espalda, Que te parece Jorge, creo que uno de esos no nos caería nada mal ¿no crees? En mi rostro se plasmo una sonrisa taimada y una interjección rompió el hielo “Humm”, Ay pero ¿tu eres gay cierto Jorge? ¿O me estoy adelantando demasiado?, Me atraen tanto hombres como mujeres, física, y sentimentalemente, con el mismo grado y con el mismo efecto. Al decir esto pude notar que una leve mueca se dibujaba en el rostro de Hugo, no se si de incertidumbre, de réprobo o simple sorpresa, Pero, o sea ¿debes de sentirte más inclinado hacia uno de los dos sexos no?, Pues honestamente creo que soy bigenérico en el sentido más amplio del termino, sabes, es difícil explicarlo pero creo que soy una persona completamente distinta si estoy con un hombre o con una mujer; una inversión o vuelta de tres cientos sesenta grados se maquina automáticamente en mi, El simple hecho de no saber lo que se quiere es difícil ¿no?, Lo que pasa es que yo si se lo que quiero, solo que mis proyecciones con ambos sexos son algo distintas en lo que al futuro se refiere… Cruzamos corriendo la avenida Ocampo y al llegar a la otra acera Hugo me sonrió condescendientemente dándome a entender que comprendía en cierta medida mis inclinaciones y que no pretendía acosarme con preguntas, y con un suspiro de aliento dijo, Uf por fin llegamos, te voy a presentar a Julia, es encantadora ya verás, ah y además ella es bisexual también, creo que podrían entenderse. Esta revelación me entusiasmó a conocer la susodicha. Entramos a la gran tienda departamental y Hugo me señaló a Julia, quien ya desde lejos traslucía bastante sensualidad. Durante el primer minuto no pude descifrar lo que evocaba en mí aquella mujer de cabello a media espalda negro azabache así como negro su vestido era, rubiconda y pálida a la vez, ojos moros, sonrisa opalina, con un collar áureo alrededor del cuello que rompía con la monotonía del conjunto, de movimientos sensuales y de sonrisa larga y encantadora; cada vez que sonreía sus dientes nácar hacían combinación con el iris de sus grandes ojos, como si dos pequeñas lunas sostuvieran, bajo hilos invisibles, la cuna pálida y pura de una gran luna menguante, de luz enfermiza y radiante. La contemplé por unos segundos y su imagen me llegaba en proyecciones de diversa naturaleza que lentamente confluían en ella, en mi, en todo su ser: imágenes de mi espejo, afiches de mi refugio, voces de mi deleite, el filo de una espada, el maullido de un gato, un destello de acuarela y oleo, un color ámbar, el olor del tiempo, vástagos de mi memoria y de mi ensueño, proyecciones del pasado y del porvenir. Viva, intensa, radiante, rodeada del glamuroso aparato de fragancias, aparadores, luces, dulces, sombreros, colores, corbatas, zapatos, vestidos, corsets, incrustaciones de exportación, marcas sociales, sabores, lujurias... perdida en un prisma psicodélico, sublimada entre el conjunto, abstraída en su lugar, toda ella, solo ella, solo Julia. Sin la menor distracción, Julia atendía a un señor de porte altivo con ojos de humildad, su barba desaliñada y su cabellera desgastada evocaba por momentos la oscura y retraída figura de Klimt, quién, por una extraña razón, tal vez por la atmosfera art nouveau de la tienda, venía a mi mente. Por un momento creí poder descifrar aquella escena, cuando, de repente, una imagen me asaltó. De súbito, aquella prefiguración se hizo manifiesta, y al contemplarla una vez más, después de un pausado parpadeo, el nombre llegó a mi boca: Judith. Si, ella era la sutil reencarnación de su aquella mujer representada por Klimt. Una revelación mística, casi sublime, como si los manes de Judith, redivivos, se hubiesen mágicamente materializado en Julia. Esporádica, nerviosa, desesperada en su anhelo de sangre, viéndome, embistiéndome, embriagándome de sensualidad, decapitando mi sensatez, encontrando en mi a Helofernes, fruto de su triunfo, victoria consumada… Hola Julia ¿como estas?, Hola Hugo que onda, Mira te presento a Jorge, Hola que onda Jorge soy Julia, Hola Julia como estas. Entonces, tras tomar su mano, pude sentir el frío roce de un anillo, como una punzadura de alfiler que me advertía posesión ajena; después sentí un frote, una leve presión sobre el dorso de mi mano que se deslizó exquisitamente por mi índice, mi cordial y mi anular, dejando una leve estela de calor que provocó un pequeño escalofrío en mi, signo prematuro de atracción. Atracción a primera vista, atracción a primer “tacto”. Después de varios minutos de plática, y gracias a la interrupción de un cliente, Hugo aprovechó la oportunidad para ir al baño, Ahorita vengo dejen voy al baño, los dejo solos, Ok aquí te esperamos. Afortunadamente el cliente solo preguntó por el precio de una fragancia “afrodisiaca” y se retiró, dándome la oportunidad de interrogar y conocer más a fondo a Julia, siendo ella la primera en “embestir”, Y ¿de donde conoces a Hugo Jorge?, Lo acabo de conocer hace 15 minutos, ¿En serio? ¿Pero pareciera que se conocen de tiempo?, No, pero creo que hay cierta “química” que hace que fluyan las cosas, ¿Química?, Bueno, algo así, Oh ya veo, Y tu ¿como conociste a Hugo?, Lo conocí hace tiempo en una estética, de hecho, el fue el que me hizo este corte, Se te ve conmadre el cabello así, Gracias, De nada. Sabes ni siquiera sabía a que se dedicaba Hugo, aun no llegábamos a ese punto, o creo que lo íbamos a omitir, ¿Porqué? Porque creo que es irrelevante en algo así de casual… ¿así de casual? Jaja perdón no me hagas caso, ya estoy divagando, lo que pasa es que no he dormido por tres días, Que coincidencia, yo tampoco, Pero tus ojos no lo denotan, o sea, se ven tan claros y cuerdos, pero ¿Hay algo que te perturbe, algún problema que te punce el sueño? Si se puede saber… Creo que es un ansia por cambiar, por transformarme, no se como explicártelo, como que dos personas cohabitan en mi persona; no soy bipolar ni esquizofrénica ni tengo personalidad limítrofe para que no asustarte pero... como que quiero cambiar de rol, de bando… (Curiosamente, algo parecido había estado obrando en mí, ése mismo ansia de transmutación que sobrevenía en Julia, y yo tampoco lo podía explicar, era un cambio de fisonomía, de anatomía…), Que raro, yo he sentido algo parecido, ¿A poco? Si, Oye Jorge se te ve muy padre el cabello a ti también, ¿Me dejas tocarte ese churrito de atrás?, Claro. Al voltearme de espaldas pude divisar a Hugo, quién platicaba con una señora, luego me voltee y sin pensarlo más hice la pregunta del millón, oye Julia perdón por la pregunta pero ¿Eres casada?, Si. Bueno no. Lo que pasa es que aun estoy casada pero llevamos más de dos años separados, cada uno por su cuenta, y pues yo ya no lo puedo considerar matrimonio. El atrevimiento de mi pregunta de alguna extraña manera hizo fluir la confianza y después de sonreírme reservadamente me preguntó, y tú Jorge ¿tienes novia? ¿Novio?, No, llevo más de cuatro meses sin nada, ¿Nada?, y ¿que implica esa “nada”?, Implica que la sexualidad fluye, y es tan fluida que creo lo abarca todo, al menos en mi caso; no me limitan los géneros, O sea te sientes atraído por ambos sexos, Así es. Luego de una pausa y de un gesto disuasivo para desviar el tema, pregunté, Y desde que te separaste ¿no has salido con nadie?, Si, he salido con tres personas, un chavo que resultó gay y me usó para guardar las apariencias, otro del cual me enamoré pero me engañó y al final me botó, y la ultima relación que tuve fue con una mujer, una chava divorciada que terminó engañándome también. Con esta última duré un año y medio. Lo de ella fue algo más profundo, no se, algo diferente. Honestamente con ella me sentí como nunca me había sentido; me llenaba por completo y me hacia sentir plena...
viernes, 10 de abril de 2009
metamorfeandome. Relato de la primavera de 2008
El mes de junio de 2008 fue un hito en mi vida. Después de varios meses de relativa parsimonia espiritual y emocional, repentinamente un desequilibrio empezó a manifestarse en mí. Sé que es una declaración extraña, pero me siento fuertemente atraído por hombres, mujeres y por gente transgénero. El 6 de mayo de dicho año, después de haber sido despedido del trabajo más monótono e incipiente en el que he estado, casualmente (si la casualidad realmente existe) conocí a Hugo, un chico de 22 años de tez caucásica, mirada metafísica, andrógino y deliciosamente sensual. Eran las 6 de la tarde, y bajo el influjo de 3 noches sin dormir y una dosis de taurina y cafeína, no podía más que apreciar sombras, espectros arenosos que solo distinguía bajo un esfuerzo de concentración. El centro de la ciudad era un caos, el calor me mojaba la ropa y me derretía el ánimo, y yo, sin rumbo fijo, me decidí a tomar el metro. Crucé la avenida Pino Suarez como si cruzara un crepúsculo gris y mateado de carmesí, sintiendo demasiadas presencias a la vez: la presencia imponente del tráfico a mi izquierda, el tacto de los cuerpos apretujados, la monótona luz de los semáforos, los gritos estridentes de los puesteros y decenas de pensamientos insanos e ilógicos que el insomnio imprimía a mi desdichada vigilia. Al entrar a la estación Cuauhtemoc sentí que entraba en una gran bodega ciclópea de abominables paredes y abominable ámbito. Ya en las escaleras eléctricas pude vislumbrar un enjambre de muchedumbre que se apretujaba en espera del vagón del metro, mi visión era acuosa, escuchaba y distorsionaba, creía percibir unidad en la masa, como si entrara a un socavón que fuera el hogar de un gigantesco insecto, una masa voluminosa y viscosa, formada por cientos de partículas porosas que se movían sin determinación propia sino a voluntad de él, de su unidad.
Abordé el vagón, el clima no funcionaba y el ardor del aire y el vaho caliente de la gente me colmó y me sentí ebrio de bochorno. Al instante me dispuse a ver la pantalla de noticias para ver si podía distraerme un poco y, al voltear un poco a mi derecha, me encontré con la mirada de un chico que estaba fija en mis aletargados ojos, una mirada que mezclaba el interés y el vacío, naturalmente magnética como la mirada de una modelo profesional en pasarela, fija y fría, distante y profunda a la vez. Al sentir mi mirada sus ojos se turbaron un poco y el vacío se lleno de impresión, la frialdad se tornó tibieza, y un leve brillo en sus ojos me confirmó su interés y la vulnerable correspondencia de dos desconocidos que se atraen a primera vista. Nuestra mirada quedó suspendida por un minuto; yo fui el primero en ceder y voltearme. Después de unos segundos nuestras miradas volvieron a chocar, en un vaivén de sonrisas, coqueteos e invitaciones subliminales a la lujuria. Me había propuesto bajarme en la estación de Padre Mier, pero al ver el continuo coqueteo y la casi manifiesta propuesta a lo que comúnmente se conoce como un “encuentro casual”, una relación fugaz de dos seres cuyo deseo no respeta ni tiempo ni espacio, me dispuse a esperar a la siguiente y última estación: la estación Zaragoza. El vagón se detuvo y la gente empezó a salir, yo esperé a que el chico bajara para ir tras sus pasos y, con un movimiento de cabeza, él me indicó que saldría y se dirigiría a la salida izquierda del metro. Con paso rápido y sin dudarlo un segundo me dirigí hacia él, que de espaldas, sintió mi presencia y me miró sobre el hombro. En un acto casi instantáneo y natural me dijo, Hola ¿como estas? ¿Qué onda, que haces, como te llamas? Yo un poco mareado por el viaje y el insomnio, volví por completo en mí, fue como si me hubieran inyectado adrenalina y la somnolencia en mis ojos se desvaneció instantáneamente para traerme a un chico hermoso, de facciones sutiles, caminar cadente y gestos taimados, casi una mujer, Hola soy Jorge y tu ¿Cómo te llamas?, Hugo, Mucho gusto Hugo, y que onda que te trae por estos rumbos, Vengo a visitar y a cobrarle un dinero a una amiga que trabaja en Liverpool, Y tu ¿de donde vienes? Como que te noto algo cansado, Algo es poco… lo que pasa es que llevo tres noches en vela y la verdad ya me pesan, Ay pues que tanto haces por la noche Jorge, Nada, eso es lo peor, no hago más que cavilar en un mar de pensamientos entrecruzados, un caos lógico de pensamientos valga la paradoja, Hum, pues que mal, he oído que la gente se muere más pronto por falta de sueño que por falta de comida, Es correcto, además, la vigilia del insomnio es como andar muerto en vida, Tus ojos reflejan algo de ese cansancio, te ves muy decaído, pero detrás de tus ojos rojos de desvelo puedo ver a un chavo súper lindo que ya descansadito sería aun más lindo. Una sonrisa de compasión y consuelo se dibujó en su rostro, a la vez que una sonrisa forzada, casi de cartón se quebró en el mío, Gracias Hugo, Oye pues ¿acompáñame no? Vamos a Liverpool y de ahí si quieres vamos al río Santa Lucía o a un café y después… pues ya veremos, Ok, vamos entonces. Juntos subimos por las escaleras eléctricas y en el mismo estrecho escalón, sintiendo nuestros cuerpos cerca y con leves y excitantes roces. Salimos por el lado de la macroplaza, justo a un lado de la estatua del minero que golpea el engranaje, sintiendo el leve sol del crepúsculo que aun así golpeaba como una puño de aire hirviendo sobre nuestros rostros; estábamos en plena primavera pero parecíamos estar en plena canícula, cuarenta grados a las 6:15 de la tarde. Caminamos un trecho sin mencionar palabra. Cuando cruzamos la avenida Zaragoza y nos sumergimos en la muchedumbre de Morelos me di cuenta de la extraordinaria sensualidad con que Hugo caminaba, atrayendo las lascivas y confusas miradas de los hombres y las sorprendidas y curiosas miradas de las mujeres que a la vez eran confusas. ¿Qué es, hombre o mujer? Parecían murmurar. ¿Aún así yo me lo tiraba? Al cabo yo veo una mujer y no un hombre. ¡Qué niño tan lindo! Parece de azúcar. Voces y voces, murmullos de incertidumbre, la androginia en su máxima expresión. (Recuerdo que una prima mencionó alguna vez que el atractivo de muchos hombres estribaba en lo andrógino de su anatomía, y que muchas mujeres encontraban super sexy a los “niños-niña”) En mi caso, lo que me atrajo de Hugo fue en primer lugar lo tentador de su mirada, y en segundo, el hecho de creer que Hugo era o tenía tendencias transexuales; en ese entonces estaba obsesionado con la transexualidad, para mí no había cosa más deliciosa que ver a una mujer con facciones ahombradas, el ver como se fundía en uno lo mejor de los dos sexos, y deseaba a como diera lugar un encuentro con alguien transexual. Buscaba y fatigaba sitios de internet con contenido erótico o porno transexual, me podía pasar la noche entera deleitándome con cada uno de los videos o fotografías, anhelando a la vez, ser un transexual, verme transexual, vivir mujer, vestir mujer, ser mujer… Una especie de obsesión que me había llegado de súbito, tal vez porque tengo una prima transgenero con quién había estado comunicándome por yahoo desde hacía dos meses, y cuya transición tan perfecta me parecía algo fuera de lo normal, o tal vez porque mi bisexualidad alcanzaba su cenit en un transexual, o tal vez yo era un transexual, o… Después de caminar una cuadra Hugo me preguntó, ¿y que onda a que te dedicas?, me acaban de despedir de un call center que esta por cumbres, Ahora veo la causa de tu desvelo, preocupaciones laborales, desempleo, Puede ser, pero no lo creo, esta racha de insomnio me viene acechando desde hace unos tres meses, con intermitencias de buen dormir y noches completas de vigilia enfermiza. Al llegar a la calle Galeana dimos vuelta a la izquierda, pasamos por una estética donde pude divisar a una chica transexual cortándole el cabello a una rubia exuberante, Oye Hugo perdón por la pregunta pero ¿eres transgenero? Te refieres a si ¿soy transexual? Pues fíjate que no, muchos aseveran que yo tomo hormonas o me inyecto estrógenos pero la verdad nada que ver, Es que la suavidad de tu piel y tus modos son los de una mujer, Lo se, y me encanta jugar con eso...
Abordé el vagón, el clima no funcionaba y el ardor del aire y el vaho caliente de la gente me colmó y me sentí ebrio de bochorno. Al instante me dispuse a ver la pantalla de noticias para ver si podía distraerme un poco y, al voltear un poco a mi derecha, me encontré con la mirada de un chico que estaba fija en mis aletargados ojos, una mirada que mezclaba el interés y el vacío, naturalmente magnética como la mirada de una modelo profesional en pasarela, fija y fría, distante y profunda a la vez. Al sentir mi mirada sus ojos se turbaron un poco y el vacío se lleno de impresión, la frialdad se tornó tibieza, y un leve brillo en sus ojos me confirmó su interés y la vulnerable correspondencia de dos desconocidos que se atraen a primera vista. Nuestra mirada quedó suspendida por un minuto; yo fui el primero en ceder y voltearme. Después de unos segundos nuestras miradas volvieron a chocar, en un vaivén de sonrisas, coqueteos e invitaciones subliminales a la lujuria. Me había propuesto bajarme en la estación de Padre Mier, pero al ver el continuo coqueteo y la casi manifiesta propuesta a lo que comúnmente se conoce como un “encuentro casual”, una relación fugaz de dos seres cuyo deseo no respeta ni tiempo ni espacio, me dispuse a esperar a la siguiente y última estación: la estación Zaragoza. El vagón se detuvo y la gente empezó a salir, yo esperé a que el chico bajara para ir tras sus pasos y, con un movimiento de cabeza, él me indicó que saldría y se dirigiría a la salida izquierda del metro. Con paso rápido y sin dudarlo un segundo me dirigí hacia él, que de espaldas, sintió mi presencia y me miró sobre el hombro. En un acto casi instantáneo y natural me dijo, Hola ¿como estas? ¿Qué onda, que haces, como te llamas? Yo un poco mareado por el viaje y el insomnio, volví por completo en mí, fue como si me hubieran inyectado adrenalina y la somnolencia en mis ojos se desvaneció instantáneamente para traerme a un chico hermoso, de facciones sutiles, caminar cadente y gestos taimados, casi una mujer, Hola soy Jorge y tu ¿Cómo te llamas?, Hugo, Mucho gusto Hugo, y que onda que te trae por estos rumbos, Vengo a visitar y a cobrarle un dinero a una amiga que trabaja en Liverpool, Y tu ¿de donde vienes? Como que te noto algo cansado, Algo es poco… lo que pasa es que llevo tres noches en vela y la verdad ya me pesan, Ay pues que tanto haces por la noche Jorge, Nada, eso es lo peor, no hago más que cavilar en un mar de pensamientos entrecruzados, un caos lógico de pensamientos valga la paradoja, Hum, pues que mal, he oído que la gente se muere más pronto por falta de sueño que por falta de comida, Es correcto, además, la vigilia del insomnio es como andar muerto en vida, Tus ojos reflejan algo de ese cansancio, te ves muy decaído, pero detrás de tus ojos rojos de desvelo puedo ver a un chavo súper lindo que ya descansadito sería aun más lindo. Una sonrisa de compasión y consuelo se dibujó en su rostro, a la vez que una sonrisa forzada, casi de cartón se quebró en el mío, Gracias Hugo, Oye pues ¿acompáñame no? Vamos a Liverpool y de ahí si quieres vamos al río Santa Lucía o a un café y después… pues ya veremos, Ok, vamos entonces. Juntos subimos por las escaleras eléctricas y en el mismo estrecho escalón, sintiendo nuestros cuerpos cerca y con leves y excitantes roces. Salimos por el lado de la macroplaza, justo a un lado de la estatua del minero que golpea el engranaje, sintiendo el leve sol del crepúsculo que aun así golpeaba como una puño de aire hirviendo sobre nuestros rostros; estábamos en plena primavera pero parecíamos estar en plena canícula, cuarenta grados a las 6:15 de la tarde. Caminamos un trecho sin mencionar palabra. Cuando cruzamos la avenida Zaragoza y nos sumergimos en la muchedumbre de Morelos me di cuenta de la extraordinaria sensualidad con que Hugo caminaba, atrayendo las lascivas y confusas miradas de los hombres y las sorprendidas y curiosas miradas de las mujeres que a la vez eran confusas. ¿Qué es, hombre o mujer? Parecían murmurar. ¿Aún así yo me lo tiraba? Al cabo yo veo una mujer y no un hombre. ¡Qué niño tan lindo! Parece de azúcar. Voces y voces, murmullos de incertidumbre, la androginia en su máxima expresión. (Recuerdo que una prima mencionó alguna vez que el atractivo de muchos hombres estribaba en lo andrógino de su anatomía, y que muchas mujeres encontraban super sexy a los “niños-niña”) En mi caso, lo que me atrajo de Hugo fue en primer lugar lo tentador de su mirada, y en segundo, el hecho de creer que Hugo era o tenía tendencias transexuales; en ese entonces estaba obsesionado con la transexualidad, para mí no había cosa más deliciosa que ver a una mujer con facciones ahombradas, el ver como se fundía en uno lo mejor de los dos sexos, y deseaba a como diera lugar un encuentro con alguien transexual. Buscaba y fatigaba sitios de internet con contenido erótico o porno transexual, me podía pasar la noche entera deleitándome con cada uno de los videos o fotografías, anhelando a la vez, ser un transexual, verme transexual, vivir mujer, vestir mujer, ser mujer… Una especie de obsesión que me había llegado de súbito, tal vez porque tengo una prima transgenero con quién había estado comunicándome por yahoo desde hacía dos meses, y cuya transición tan perfecta me parecía algo fuera de lo normal, o tal vez porque mi bisexualidad alcanzaba su cenit en un transexual, o tal vez yo era un transexual, o… Después de caminar una cuadra Hugo me preguntó, ¿y que onda a que te dedicas?, me acaban de despedir de un call center que esta por cumbres, Ahora veo la causa de tu desvelo, preocupaciones laborales, desempleo, Puede ser, pero no lo creo, esta racha de insomnio me viene acechando desde hace unos tres meses, con intermitencias de buen dormir y noches completas de vigilia enfermiza. Al llegar a la calle Galeana dimos vuelta a la izquierda, pasamos por una estética donde pude divisar a una chica transexual cortándole el cabello a una rubia exuberante, Oye Hugo perdón por la pregunta pero ¿eres transgenero? Te refieres a si ¿soy transexual? Pues fíjate que no, muchos aseveran que yo tomo hormonas o me inyecto estrógenos pero la verdad nada que ver, Es que la suavidad de tu piel y tus modos son los de una mujer, Lo se, y me encanta jugar con eso...
domingo, 5 de abril de 2009
Primeras posturas
Contrario a lo que comunmente sucede, mis primeras posturas y convicciones políticas tendían más hacia lo que arcaicamente se conoce como la derecha mexicana o "derecha" a secas. Creía que había ciertos valores de la derecha que los socialdemocratas o la " izquierda" no llenaba. Con el paso de los años y tras varias experiencias y sucesos que me obligaron a reflexionar, llegué a la conclusión de que en la cúspide de todos los valores y virtudes debe de estar la Libertad, y ningún otro valor debe o puede anteponerse a esta, lo que me llevó a cuestionar ciertas posturas ortodoxas de la "derecha" las cuales coartaban en cierta medida y algunas por completo a la Libertad, esto me hizo cambiar de perspectiva y paulatinamente me llevó a un distanciamiento de esa corriente y a un interes movido más por la curiosidad que por la pasión política hacia las posturas de "izquierda". En cuanto a mi opinión acerca de la izquierda mexicana baste decir que la considero arcaica, anticuada, anacrónica y ridícula. Creo que la izquierda hoy por hoy debe de ser una corriente que acepte la crítica y que se autocritique; la critica es el ingrediente escencial de la postmodernidad. Un ejemplo de buena izquierda sería la izquierda francesa, que si bien no ganó los comicios pasados, sigue teniendo un gran impaco a nivel nacional, continental y global.Siento aversióin hacia cualquier tipo de fobia social, y repugno a aquellos que discriminan en base a prejuicios o fobias.
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