viernes, 10 de abril de 2009

metamorfeandome. Relato de la primavera de 2008

El mes de junio de 2008 fue un hito en mi vida. Después de varios meses de relativa parsimonia espiritual y emocional, repentinamente un desequilibrio empezó a manifestarse en mí. Sé que es una declaración extraña, pero me siento fuertemente atraído por hombres, mujeres y por gente transgénero. El 6 de mayo de dicho año, después de haber sido despedido del trabajo más monótono e incipiente en el que he estado, casualmente (si la casualidad realmente existe) conocí a Hugo, un chico de 22 años de tez caucásica, mirada metafísica, andrógino y deliciosamente sensual. Eran las 6 de la tarde, y bajo el influjo de 3 noches sin dormir y una dosis de taurina y cafeína, no podía más que apreciar sombras, espectros arenosos que solo distinguía bajo un esfuerzo de concentración. El centro de la ciudad era un caos, el calor me mojaba la ropa y me derretía el ánimo, y yo, sin rumbo fijo, me decidí a tomar el metro. Crucé la avenida Pino Suarez como si cruzara un crepúsculo gris y mateado de carmesí, sintiendo demasiadas presencias a la vez: la presencia imponente del tráfico a mi izquierda, el tacto de los cuerpos apretujados, la monótona luz de los semáforos, los gritos estridentes de los puesteros y decenas de pensamientos insanos e ilógicos que el insomnio imprimía a mi desdichada vigilia. Al entrar a la estación Cuauhtemoc sentí que entraba en una gran bodega ciclópea de abominables paredes y abominable ámbito. Ya en las escaleras eléctricas pude vislumbrar un enjambre de muchedumbre que se apretujaba en espera del vagón del metro, mi visión era acuosa, escuchaba y distorsionaba, creía percibir unidad en la masa, como si entrara a un socavón que fuera el hogar de un gigantesco insecto, una masa voluminosa y viscosa, formada por cientos de partículas porosas que se movían sin determinación propia sino a voluntad de él, de su unidad.
Abordé el vagón, el clima no funcionaba y el ardor del aire y el vaho caliente de la gente me colmó y me sentí ebrio de bochorno. Al instante me dispuse a ver la pantalla de noticias para ver si podía distraerme un poco y, al voltear un poco a mi derecha, me encontré con la mirada de un chico que estaba fija en mis aletargados ojos, una mirada que mezclaba el interés y el vacío, naturalmente magnética como la mirada de una modelo profesional en pasarela, fija y fría, distante y profunda a la vez. Al sentir mi mirada sus ojos se turbaron un poco y el vacío se lleno de impresión, la frialdad se tornó tibieza, y un leve brillo en sus ojos me confirmó su interés y la vulnerable correspondencia de dos desconocidos que se atraen a primera vista. Nuestra mirada quedó suspendida por un minuto; yo fui el primero en ceder y voltearme. Después de unos segundos nuestras miradas volvieron a chocar, en un vaivén de sonrisas, coqueteos e invitaciones subliminales a la lujuria. Me había propuesto bajarme en la estación de Padre Mier, pero al ver el continuo coqueteo y la casi manifiesta propuesta a lo que comúnmente se conoce como un “encuentro casual”, una relación fugaz de dos seres cuyo deseo no respeta ni tiempo ni espacio, me dispuse a esperar a la siguiente y última estación: la estación Zaragoza. El vagón se detuvo y la gente empezó a salir, yo esperé a que el chico bajara para ir tras sus pasos y, con un movimiento de cabeza, él me indicó que saldría y se dirigiría a la salida izquierda del metro. Con paso rápido y sin dudarlo un segundo me dirigí hacia él, que de espaldas, sintió mi presencia y me miró sobre el hombro. En un acto casi instantáneo y natural me dijo, Hola ¿como estas? ¿Qué onda, que haces, como te llamas? Yo un poco mareado por el viaje y el insomnio, volví por completo en mí, fue como si me hubieran inyectado adrenalina y la somnolencia en mis ojos se desvaneció instantáneamente para traerme a un chico hermoso, de facciones sutiles, caminar cadente y gestos taimados, casi una mujer, Hola soy Jorge y tu ¿Cómo te llamas?, Hugo, Mucho gusto Hugo, y que onda que te trae por estos rumbos, Vengo a visitar y a cobrarle un dinero a una amiga que trabaja en Liverpool, Y tu ¿de donde vienes? Como que te noto algo cansado, Algo es poco… lo que pasa es que llevo tres noches en vela y la verdad ya me pesan, Ay pues que tanto haces por la noche Jorge, Nada, eso es lo peor, no hago más que cavilar en un mar de pensamientos entrecruzados, un caos lógico de pensamientos valga la paradoja, Hum, pues que mal, he oído que la gente se muere más pronto por falta de sueño que por falta de comida, Es correcto, además, la vigilia del insomnio es como andar muerto en vida, Tus ojos reflejan algo de ese cansancio, te ves muy decaído, pero detrás de tus ojos rojos de desvelo puedo ver a un chavo súper lindo que ya descansadito sería aun más lindo. Una sonrisa de compasión y consuelo se dibujó en su rostro, a la vez que una sonrisa forzada, casi de cartón se quebró en el mío, Gracias Hugo, Oye pues ¿acompáñame no? Vamos a Liverpool y de ahí si quieres vamos al río Santa Lucía o a un café y después… pues ya veremos, Ok, vamos entonces. Juntos subimos por las escaleras eléctricas y en el mismo estrecho escalón, sintiendo nuestros cuerpos cerca y con leves y excitantes roces. Salimos por el lado de la macroplaza, justo a un lado de la estatua del minero que golpea el engranaje, sintiendo el leve sol del crepúsculo que aun así golpeaba como una puño de aire hirviendo sobre nuestros rostros; estábamos en plena primavera pero parecíamos estar en plena canícula, cuarenta grados a las 6:15 de la tarde. Caminamos un trecho sin mencionar palabra. Cuando cruzamos la avenida Zaragoza y nos sumergimos en la muchedumbre de Morelos me di cuenta de la extraordinaria sensualidad con que Hugo caminaba, atrayendo las lascivas y confusas miradas de los hombres y las sorprendidas y curiosas miradas de las mujeres que a la vez eran confusas. ¿Qué es, hombre o mujer? Parecían murmurar. ¿Aún así yo me lo tiraba? Al cabo yo veo una mujer y no un hombre. ¡Qué niño tan lindo! Parece de azúcar. Voces y voces, murmullos de incertidumbre, la androginia en su máxima expresión. (Recuerdo que una prima mencionó alguna vez que el atractivo de muchos hombres estribaba en lo andrógino de su anatomía, y que muchas mujeres encontraban super sexy a los “niños-niña”) En mi caso, lo que me atrajo de Hugo fue en primer lugar lo tentador de su mirada, y en segundo, el hecho de creer que Hugo era o tenía tendencias transexuales; en ese entonces estaba obsesionado con la transexualidad, para mí no había cosa más deliciosa que ver a una mujer con facciones ahombradas, el ver como se fundía en uno lo mejor de los dos sexos, y deseaba a como diera lugar un encuentro con alguien transexual. Buscaba y fatigaba sitios de internet con contenido erótico o porno transexual, me podía pasar la noche entera deleitándome con cada uno de los videos o fotografías, anhelando a la vez, ser un transexual, verme transexual, vivir mujer, vestir mujer, ser mujer… Una especie de obsesión que me había llegado de súbito, tal vez porque tengo una prima transgenero con quién había estado comunicándome por yahoo desde hacía dos meses, y cuya transición tan perfecta me parecía algo fuera de lo normal, o tal vez porque mi bisexualidad alcanzaba su cenit en un transexual, o tal vez yo era un transexual, o… Después de caminar una cuadra Hugo me preguntó, ¿y que onda a que te dedicas?, me acaban de despedir de un call center que esta por cumbres, Ahora veo la causa de tu desvelo, preocupaciones laborales, desempleo, Puede ser, pero no lo creo, esta racha de insomnio me viene acechando desde hace unos tres meses, con intermitencias de buen dormir y noches completas de vigilia enfermiza. Al llegar a la calle Galeana dimos vuelta a la izquierda, pasamos por una estética donde pude divisar a una chica transexual cortándole el cabello a una rubia exuberante, Oye Hugo perdón por la pregunta pero ¿eres transgenero? Te refieres a si ¿soy transexual? Pues fíjate que no, muchos aseveran que yo tomo hormonas o me inyecto estrógenos pero la verdad nada que ver, Es que la suavidad de tu piel y tus modos son los de una mujer, Lo se, y me encanta jugar con eso...

1 comentario:

  1. Wow, está muy interesante tu encuentro con Hugo, es impresionante la manera en que algo que pudiera ser tan casual u ordinario es percibido y expresado por ti de manera tan extraordinaria, termina la historia! estoy totalmente en "suspense"...

    ResponderEliminar